Pompeya

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Entre el rugido intenso y penetrante que sale de las entrañas de la madre tierra…
Entre nubes de humo que suben hasta el cielo sumiendo al mudo en una eterna oscuridad…
Entre explosiones de fuego que lanzan bolas en llamas en la distancia…
El volcán ha despertado de su profundo y largo letargo.
La gente queda aterrada, grita y huye intentando escapar de la furia de la montaña de fuego.
La furia de la montaña trae consigo miedo, caos y muerte a modo de castigo divino.
Se busca sobrevivir en medio de la tragedia, casi sin esperanza, en una lucha desesperada.
Y en medio de la ciudad asediada por el fuego del volcán, se buscan dos amantes.
Dos jóvenes, y un amor prohibido, que han luchado largo tiempo por estar juntos.
Y cercano el fin, el apocalipsis, ya nada importa, sólo vivir y estar juntos, juntos para siempre.
La lava avanza ladera abajo arrasando todo a su paso sin permitir huir de ella.
Pero los amantes mantienen la esperanza. Ahora que están juntos nada puede con ellos.
Se alejan de la ciudad a galope tendido intentando ganar la carrera a la lava que les acecha.
Una bola de fuego les corta el paso destruyendo ya cualquier posibilidad de huida.
Los amantes saben su suerte, no pueden estar juntos, nadie se lo permite y la muerte se los lleva.
Pero ni siquiera a las puertas de la muerte se dejan vencer y la esperan juntos, en un apasionado beso.
La lava les envuelve, les abraza y los sepulta sin importar el mutuo cariño que se tienen.
Los alrededores del volcán sufren su furia y quedan devastados, muertos y llenos de ceniza.
El volcán se ha cobrado su venganza por una afrenta no declarada.
Gozoso, vuelve a dormir dando paso a un nuevo tiempo de renacimiento y vida.


Escrito inspirado en la película Pompeya y en la tragedía que allí ocurrió.