Procesión

El sol se pone por el horizonte, más allá del abrupto precipicio que marca el límite de la ciudad. El sol se lleva la luz dejando la ciudad sumida en un triste azul. Las casas apenas están iluminadas y no llegan a romper la oscuridad que trae consigo el anochecer.

Las calles están en calma y el silencio inunda la ciudad. La gente se reúne en las principales calles para acudir a la procesión que va a tener lugar a la caída del sol. Esta saldrá desde el Palacio Real, que se encuentra al borde del acantilado, al lado de la gran cascada. Los ciudadanos portan velas para alumbrar el recorrido de la comitiva a la vez que muestran la tristeza que embarga al pueblo en estos días.

La procesión da comienzo en el más absoluto de los silencios. La encabezan las altas autoridades de la ciudad y van vestidas, por completo, de riguroso negro. Tras ellos, la banda de música interpreta una triste melodía. Finalmente, en último lugar, sale el paso de su patrona, que es recibido entre llantos por los presentes.

La procesión recorrerá las principales calles cruzando las dos partes de la ciudad que se encuentra separada por el río. Un puente une ambas zonas. Se trata del lugar más concurrido pues fue el lugar en el que murió su patrona y se convirtió en sitio de peregrinaje.

Se trata de una historia triste y sin final feliz y desde entonces, aquellos días nunca volvieron a ser felices en la ciudad.

Hoy, no es la excepción.

Las velas también lloran lágrimas de cera que caen al suelo que llevará durante días el pesar de la ciudad. Con cada gota de cera caída.

Es un atardecer azul que cae sobre la ciudad. Un atardecer triste que llena de melancolía el ambiente. Atardecer iluminado por velas de cera que no se apagan.